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De niño quería ser Presidente

Publicado por gualinse en Junio 21, 2008

Aquella mañana la maestra había reunido a sus alumnos de preescolar para preguntarles qué querían ser cuando fueran grandes. De la boca de los niños salía un futuro de bomberos, doctores, astronautas y uno que otro que decía querer ser “como mi papá”. Cuando le tocó el turno al pequeño Obama, la respuesta dejó a la maestra con la boca abierta. “Quiero ser presidente”, dijo el niño.

Cuatro décadas después, aquel pequeño mulato nacido en Hawai, de madre blanca y padre negro de origen keniano, está a una nariz de convertirse en el primer hombre de color que se sentará en el Despacho Oval de la Casa Blanca, aunque los analistas afirman que el “establishment” gringo hará de las suyas para que el sueño de Obama no se haga realidad.

Ya ha pasado en otras ocasiones, como fue el caso de Robert F. Kennedy, hermano de John Kennedy, que en 1968 fue asesinado por un fanático después de un mitin y de haber alcanzado la mayoría de delegados para lograr la candidatura demócrata.

Para muchos la historia de “Bobby” Kennedy y Barack Obama tiene similitudes: ambos hombres, relativamente jóvenes, lucharon para lograr la candidatura demócrata con mensajes de cambio, en momentos en que sus países se veían empantanados por la guerra (Vietnam en los sesenta, Irak en la actualidad) y la crisis económica.

Pero la historia de Obama está más revestida de encanto. Es, en palabras de algunos analistas, el sueño americano hecho realidad. Nació en Honolulu el 4 d agosto de 1961. Fue bautizado con el raro nombre de Barack Hussein Obama Junior y su seno familiar fue igual de raro. En un país que vivía la segregación racial al rojo vivo, el niño nació de una madre blanca y hombre originario de la aldea de Koguelo en el distrito de Siaya, a unos 280 kilómetros al oeste de Nairobi, la capital de Kenia, un país africano con cinco veces el tamaño de Nicaragua y de 35 millones de habitantes.

En esa aldea al hombre se le venera casi como a un Dios. Será, en palabras de algunos aldeanos, el que les llevará la prosperidad en un país desangrado por dictaduras y guerras tribales. “Barack no es sólo una persona famosa. Es también la persona que puede llevar el timón del mundo, y eso me hace muy feliz. Rezo por él… y el resto se lo dejo a Dios”, dijo en una ocasión al diario español El Mundo Sarah Obama, abuela de Barack, que vive en Koguelo.

El padre de Obama, también llamado Barack, logró una beca para estudiar en la Universidad de Hawai, dejando a la mujer con quien estaba casado y había tenido ya un niño y otro que venía en camino. En la universidad conoció a Ann Dunham, del estado de Kansas, con quien se casó y tuvo a Obama. Dos años después del nacimiento del niño, el padre se largó a estudiar a Harvard, dejando sola a su nueva familia. Ann, la madre, tomó al pequeño Obama y se fue a vivir con él a Indonesia.

Tiempo después regresaron a Hawai. Su adolescencia en la isla estuvo marcada no sólo por una destacada trayectoria escolar, sino también por años de rebeldía y escarceos con las drogas.

A esos años, le siguió una selecta formación en las universidades de Columbia y Harvard, la etapa como profesor y defensor de los derechos civiles en Chicago, su elección como senador estatal en 1997 y su desembarco como senador en Washington en el 2004. Después, vendrían los meses de una larga y cansada lucha por la Casa Blanca, peleó con rabia contra una mujer blanca, la poderosa ex primera dama y senadora por Nueva York, Hillary Clinton.

“Hoy acaba una travesía histórica y comienza otra”. Barack Obama, de finísimo traje negro y con una sonrisa que decía “mírenme, lo logré”, saludaba así a sus simpatizantes desde Saint Paul (Minesota), tras confirmar su candidatura demócrata a la Casa Blanca, por haber conseguido los 2,118 delegados que necesitaba para batir a su oponente Hillary Clinton en el proceso de primarias.

De esta manera Obama se convertía en el primer afroamericano en competir en unas elecciones presidenciales en EE.UU. En aquel primer discurso como candidato, Obama utilizó un tono triunfalista pero muy conciliador, asegurando que en la nueva travesía “traerá un nuevo y mejor día para Estados Unidos”.

Bautizado por algunos como “la gran esperanza blanca”, por encarnar el sueño de reconciliación en un país con profundas divisiones raciales, Obama ganó relevancia en el panorama político estadounidense durante la convención nacional del Partido Demócrata en Boston, en el 2004.

Fue allí donde pronunció el discurso programático en el que instó a cerrar las heridas raciales abiertas en el país. “No hay un EE.UU. blanco y un EE.UU. negro, sino los Estados Unidos de América”, dijo.

Y Obama conquistó a los jóvenes, desencantados con la política gringa. Desde entonces, la popularidad del senador afroamericano creció de forma espantosa, atrayendo principalmente a los jóvenes, quienes se enlistaron a ese ejército de colaboradores que hicieron de todo para atraer a los votantes. “Yes, We Can”, fue su lema de guerra y los espacios de jóvenes la mejor estrategia de campaña: el sitio de YouTube se llenó de vídeos que mostraban al joven senador en acción y un grupo de actores y cantantes, con la sensual Scarlett Johansson a la cabeza, grabaron una canción de apoyo que ganó un Grammy.

“La palabra cambio y esperanza está por arriba de experiencia y ejecutoria”, dice Peter Bernal, experto en temas internacionales y columnista del diario El Nuevo Herald, de Miami.

¿Qué posibilidades tiene Barack Obama de cumplir su sueño de niño? Según Peter Bernal, las posibilidades son enormes, aunque Obama tendrá que ponerse al día en algunos temas en los que la experiencia de John McCain, su rival republicano, le lleva ventaja.

El analista dice que la gran debilidad de Obama es la poca experiencia en temas internacionales, por lo que va a necesitar “muchísimo” de un equipo de asesores que “entiendan bien los temas internacionales”.

“Va a necesitar un gabinete bien articulado, muy inteligente, de muy buena talla”, en palabras de Bernal, para hacer frente a la guerra de Irak, a la crisis económica que afecta a los Estados Unidos, al problema energético y las exigencias de una población que pide más trabajo, oportunidades y mayor cobertura de los seguros sociales.

La gran fortaleza de Obama es la facilidad de aprender. Ya lo dejó comprobado en su rápido ascenso a lo más alto de la política estadounidense. Además, dice Bernal, está su “gran oratoria”. “Es un gran orador, posiblemente después de Ronald Reagan ha sido el mejor orador que hemos visto en campañas políticas… un orador con poder de convicción en sus puntos de vista, en lo que él cree que es lo correcto”.

Pero esos talentos no son suficientes para lograr sentarse en el Despacho Oval. Y es aquí donde entra Hillary Clinton. Según los analistas, la senadora cuenta con una gran experiencia de la política estadounidense, además de sus conocimientos en política internacional. Sus ideas de la campaña –mejoras sociales, independencia energética, reactivación económica– atrajeron a multitudes, además de la figura de ser la primera mujer en estar a punto de convertirse en presidenta. Sería el “dream team” (equipo de ensueño) del Partido Demócrata.

“Hillary, a sus 60 años, se ha convertido en un personaje que impone. Magníficamente informada sobre todos los temas, dice casi siempre la palabra justa, pocas veces se equivoca, y se ha visto sometida a exámenes y pruebas como pocos seres humanos… Necesitamos que desempeñe bien su trabajo, que sepa lo que hace; que sea madura, responsable, dura, unas manos seguras después de ocho años de errores garrafales. Y mucho más si se tiene en cuenta que a su lado está, para ayudarla, uno de los políticos más elocuentes, bien informados y habilidosos del planeta. Dos por el precio de uno”, escribió el analista Timothy Garton Ash en el diario británico The Guardian.

“Sería muy aceptable que nombrara a Hillary como candidata a la Vicepresidencia, que la pudiera poner al frente del Senado constantemente y usarla como una vice que tuviera funciones reales en lo que es política nacional, que ella conoce muy bien”, dice por su parte Bernal.

Según este analista de origen cubano, el gobierno de Obama, si gana la Presidencia de Estados Unidos, sería “dinámico, progresista, balanceado, muy activo”. Es decir, totalmente diferente a los ocho años de administración conservadora de George W. Bush.

“Se producirían grandes cambios en política internacional. Obama se enfocaría en devolverle a EE.UU. la credibilidad en el mundo”, dice.

¿Qué pasará con América Latina? “Veremos un nuevo amanecer. Obama tiene mucho de Kennedy, que desarrolló el último gran plan para América Latina, la Alianza para el Progreso. Obama va a ser mucho más propicio a ayudar a los vecinos del sur”, afirma.

La Alianza para el Progreso fue un programa de ayuda económica del presidente John F. Kennedy para el desarrollo de América Latina. El programa duró 10 años, de 1961 a 1970, con una inversión proyectada de 20 mil millones de dólares.

“Puede que gane el mejor hombre…Pero mi nieto sabe escuchar, y si le dan la oportunidad trabajará duro por América”, dijo la abuela Sarah, quien hizo sus recomendaciones al que puede ser, desde noviembre próximo, el hombre afroamericano más poderoso del planeta “Le he pedido a Barack que recuerde sus orígenes, que tenga siempre presente a la gente pobre. Le he dicho que sea generoso con sus votantes y que no caiga en la corrupción de los políticos en Kenia”. Está por verse si aquel niño de Hawai que soñaba con grandeza, se convertirá en el presidente Barack Obama.

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