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De niño quería ser Presidente

Publicado por gualinse en Junio 21, 2008

Aquella mañana la maestra había reunido a sus alumnos de preescolar para preguntarles qué querían ser cuando fueran grandes. De la boca de los niños salía un futuro de bomberos, doctores, astronautas y uno que otro que decía querer ser “como mi papá”. Cuando le tocó el turno al pequeño Obama, la respuesta dejó a la maestra con la boca abierta. “Quiero ser presidente”, dijo el niño.

Cuatro décadas después, aquel pequeño mulato nacido en Hawai, de madre blanca y padre negro de origen keniano, está a una nariz de convertirse en el primer hombre de color que se sentará en el Despacho Oval de la Casa Blanca, aunque los analistas afirman que el “establishment” gringo hará de las suyas para que el sueño de Obama no se haga realidad.

Ya ha pasado en otras ocasiones, como fue el caso de Robert F. Kennedy, hermano de John Kennedy, que en 1968 fue asesinado por un fanático después de un mitin y de haber alcanzado la mayoría de delegados para lograr la candidatura demócrata.

Para muchos la historia de “Bobby” Kennedy y Barack Obama tiene similitudes: ambos hombres, relativamente jóvenes, lucharon para lograr la candidatura demócrata con mensajes de cambio, en momentos en que sus países se veían empantanados por la guerra (Vietnam en los sesenta, Irak en la actualidad) y la crisis económica.

Pero la historia de Obama está más revestida de encanto. Es, en palabras de algunos analistas, el sueño americano hecho realidad. Nació en Honolulu el 4 d agosto de 1961. Fue bautizado con el raro nombre de Barack Hussein Obama Junior y su seno familiar fue igual de raro. En un país que vivía la segregación racial al rojo vivo, el niño nació de una madre blanca y hombre originario de la aldea de Koguelo en el distrito de Siaya, a unos 280 kilómetros al oeste de Nairobi, la capital de Kenia, un país africano con cinco veces el tamaño de Nicaragua y de 35 millones de habitantes.

En esa aldea al hombre se le venera casi como a un Dios. Será, en palabras de algunos aldeanos, el que les llevará la prosperidad en un país desangrado por dictaduras y guerras tribales. “Barack no es sólo una persona famosa. Es también la persona que puede llevar el timón del mundo, y eso me hace muy feliz. Rezo por él… y el resto se lo dejo a Dios”, dijo en una ocasión al diario español El Mundo Sarah Obama, abuela de Barack, que vive en Koguelo.

El padre de Obama, también llamado Barack, logró una beca para estudiar en la Universidad de Hawai, dejando a la mujer con quien estaba casado y había tenido ya un niño y otro que venía en camino. En la universidad conoció a Ann Dunham, del estado de Kansas, con quien se casó y tuvo a Obama. Dos años después del nacimiento del niño, el padre se largó a estudiar a Harvard, dejando sola a su nueva familia. Ann, la madre, tomó al pequeño Obama y se fue a vivir con él a Indonesia.

Tiempo después regresaron a Hawai. Su adolescencia en la isla estuvo marcada no sólo por una destacada trayectoria escolar, sino también por años de rebeldía y escarceos con las drogas.

A esos años, le siguió una selecta formación en las universidades de Columbia y Harvard, la etapa como profesor y defensor de los derechos civiles en Chicago, su elección como senador estatal en 1997 y su desembarco como senador en Washington en el 2004. Después, vendrían los meses de una larga y cansada lucha por la Casa Blanca, peleó con rabia contra una mujer blanca, la poderosa ex primera dama y senadora por Nueva York, Hillary Clinton.

“Hoy acaba una travesía histórica y comienza otra”. Barack Obama, de finísimo traje negro y con una sonrisa que decía “mírenme, lo logré”, saludaba así a sus simpatizantes desde Saint Paul (Minesota), tras confirmar su candidatura demócrata a la Casa Blanca, por haber conseguido los 2,118 delegados que necesitaba para batir a su oponente Hillary Clinton en el proceso de primarias.

De esta manera Obama se convertía en el primer afroamericano en competir en unas elecciones presidenciales en EE.UU. En aquel primer discurso como candidato, Obama utilizó un tono triunfalista pero muy conciliador, asegurando que en la nueva travesía “traerá un nuevo y mejor día para Estados Unidos”.

Bautizado por algunos como “la gran esperanza blanca”, por encarnar el sueño de reconciliación en un país con profundas divisiones raciales, Obama ganó relevancia en el panorama político estadounidense durante la convención nacional del Partido Demócrata en Boston, en el 2004.

Fue allí donde pronunció el discurso programático en el que instó a cerrar las heridas raciales abiertas en el país. “No hay un EE.UU. blanco y un EE.UU. negro, sino los Estados Unidos de América”, dijo.

Y Obama conquistó a los jóvenes, desencantados con la política gringa. Desde entonces, la popularidad del senador afroamericano creció de forma espantosa, atrayendo principalmente a los jóvenes, quienes se enlistaron a ese ejército de colaboradores que hicieron de todo para atraer a los votantes. “Yes, We Can”, fue su lema de guerra y los espacios de jóvenes la mejor estrategia de campaña: el sitio de YouTube se llenó de vídeos que mostraban al joven senador en acción y un grupo de actores y cantantes, con la sensual Scarlett Johansson a la cabeza, grabaron una canción de apoyo que ganó un Grammy.

“La palabra cambio y esperanza está por arriba de experiencia y ejecutoria”, dice Peter Bernal, experto en temas internacionales y columnista del diario El Nuevo Herald, de Miami.

¿Qué posibilidades tiene Barack Obama de cumplir su sueño de niño? Según Peter Bernal, las posibilidades son enormes, aunque Obama tendrá que ponerse al día en algunos temas en los que la experiencia de John McCain, su rival republicano, le lleva ventaja.

El analista dice que la gran debilidad de Obama es la poca experiencia en temas internacionales, por lo que va a necesitar “muchísimo” de un equipo de asesores que “entiendan bien los temas internacionales”.

“Va a necesitar un gabinete bien articulado, muy inteligente, de muy buena talla”, en palabras de Bernal, para hacer frente a la guerra de Irak, a la crisis económica que afecta a los Estados Unidos, al problema energético y las exigencias de una población que pide más trabajo, oportunidades y mayor cobertura de los seguros sociales.

La gran fortaleza de Obama es la facilidad de aprender. Ya lo dejó comprobado en su rápido ascenso a lo más alto de la política estadounidense. Además, dice Bernal, está su “gran oratoria”. “Es un gran orador, posiblemente después de Ronald Reagan ha sido el mejor orador que hemos visto en campañas políticas… un orador con poder de convicción en sus puntos de vista, en lo que él cree que es lo correcto”.

Pero esos talentos no son suficientes para lograr sentarse en el Despacho Oval. Y es aquí donde entra Hillary Clinton. Según los analistas, la senadora cuenta con una gran experiencia de la política estadounidense, además de sus conocimientos en política internacional. Sus ideas de la campaña –mejoras sociales, independencia energética, reactivación económica– atrajeron a multitudes, además de la figura de ser la primera mujer en estar a punto de convertirse en presidenta. Sería el “dream team” (equipo de ensueño) del Partido Demócrata.

“Hillary, a sus 60 años, se ha convertido en un personaje que impone. Magníficamente informada sobre todos los temas, dice casi siempre la palabra justa, pocas veces se equivoca, y se ha visto sometida a exámenes y pruebas como pocos seres humanos… Necesitamos que desempeñe bien su trabajo, que sepa lo que hace; que sea madura, responsable, dura, unas manos seguras después de ocho años de errores garrafales. Y mucho más si se tiene en cuenta que a su lado está, para ayudarla, uno de los políticos más elocuentes, bien informados y habilidosos del planeta. Dos por el precio de uno”, escribió el analista Timothy Garton Ash en el diario británico The Guardian.

“Sería muy aceptable que nombrara a Hillary como candidata a la Vicepresidencia, que la pudiera poner al frente del Senado constantemente y usarla como una vice que tuviera funciones reales en lo que es política nacional, que ella conoce muy bien”, dice por su parte Bernal.

Según este analista de origen cubano, el gobierno de Obama, si gana la Presidencia de Estados Unidos, sería “dinámico, progresista, balanceado, muy activo”. Es decir, totalmente diferente a los ocho años de administración conservadora de George W. Bush.

“Se producirían grandes cambios en política internacional. Obama se enfocaría en devolverle a EE.UU. la credibilidad en el mundo”, dice.

¿Qué pasará con América Latina? “Veremos un nuevo amanecer. Obama tiene mucho de Kennedy, que desarrolló el último gran plan para América Latina, la Alianza para el Progreso. Obama va a ser mucho más propicio a ayudar a los vecinos del sur”, afirma.

La Alianza para el Progreso fue un programa de ayuda económica del presidente John F. Kennedy para el desarrollo de América Latina. El programa duró 10 años, de 1961 a 1970, con una inversión proyectada de 20 mil millones de dólares.

“Puede que gane el mejor hombre…Pero mi nieto sabe escuchar, y si le dan la oportunidad trabajará duro por América”, dijo la abuela Sarah, quien hizo sus recomendaciones al que puede ser, desde noviembre próximo, el hombre afroamericano más poderoso del planeta “Le he pedido a Barack que recuerde sus orígenes, que tenga siempre presente a la gente pobre. Le he dicho que sea generoso con sus votantes y que no caiga en la corrupción de los políticos en Kenia”. Está por verse si aquel niño de Hawai que soñaba con grandeza, se convertirá en el presidente Barack Obama.

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En el estómago de la pobreza

Publicado por gualinse en Junio 21, 2008

La zona es rocosa, con tierras poco cultivables, los árboles son escasos, el polvo abundante, el sol muerde la piel y el calor asfixia. No hay agua cerca. Ni electricidad. Sólo ese peñasco que se abre a un infinito de montañas grisáceas, la mayoría de ellas peladas. Irónicamente, el lugar se llama La Mano de Dios.

En La Mano de Dios queda la casa de Magdalena González, sobre una pequeña colina, al lado de un camino polvoso, al filo del peñasco. Aquí está esta mañana la mujer, moliendo maicillo en un molino de mesa, oxidado, para hacer tortillas y alimentar a sus diez hijos y cuatro nietos, cuando oye la voz de unos extraños que piden pasar a su casa.

Magdalena los recibe con una sonrisa huraña, el seño fruncido, pero sin hacer preguntas. Los invita a pasar a su casa, una choza mitad ladrillos de barro rojizo, mitad varas de caña y plásticos negros que sirven de techo, y conversa abiertamente, dejando la manecilla del molino donde muele el maicillo.

“¿Con qué va a compañar las tortillas?”, le preguntan los extraños. “Con nada”, dice la mujer. Ésta es la única comida de la mañana. “¿Cultivan ustedes el maicillo?” Otra negativa. Lo compran, porque este grano, pequeño, grisáceo, es más barato que el maíz. Se utiliza para alimentar chanchos y gallinas.

La Mano de Dios está a quince minutos de camino del casco urbano de San José de Cusmapa, un municipio de poco más de siete mil habitantes, ubicado en Madriz, a 248 kilómetros de Managua.

Cusmapa es considerado uno de los municipios más pobres de Nicaragua. Según el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), el 64 por ciento de su población sufre de pobreza severa, que la institución gubernamental mide tomando en cuenta factores como el hacinamiento, vivenda inadecuada, dependencia económica y baja educación.

La familia de Magdalena González cumple con los requisitos. Magdalena no sabe leer ni escribir. Ella no sabe ni siquiera con exactitud su edad. Saca las cuentas al recordar que su primer hijo nació cuando tenía 14 años. Pero esta mujer no puede tener 38 años, piensan los extraños. Es imposible. Su cara es la de una anciana: piel quemada por la vida y el trabajo del campo. Su rostro muestra profundas grietas y una boca rodeada de comisuras.

Es una mujer menuda, de brazos muy delgados e hinchada en el vientre. Lleva una vieja camisa rota, una falda roja desteñida, raída en los bordes, y va descalza, los pies sucios y agrietados. El pelo es negro, pero tiene tintes grises no por canas, sino por el polvo y la ceniza del grano de maicillo que ha comenzado de nuevo a moler para convertirlo en masa para las tortillas.

“¿De qué vive la gente de Cusmapa?” Magdalena González dice que de la agricultura, por lo que esperan las lluvias del invierno para cultivar la tierra, labor a la que se dedican su hijo mayor y su esposo. Pero la zona es muy seca y el suelo rocoso. Las autoridades de Cusmapa dicen que el 75 por ciento del suelo del municipio, compuesto de 26 comarcas, no es apto para el cultivo.

Tampoco hay asistencia técnica para los más de 900 productores de frijoles y maíz que cultivan un promedio de media manzana por familia en las 26 comunidades del municipio, logrando rendimientos mínimos.

Para lograr dinero extra, Magdalena trabaja lavando y planchando en San José de Cusmapa, labores por las que reúne unos 200 córdobas quincenales, que debe multiplicar por las necesidades de su vasta familia.

Cusmapa es el resumen de una realidad de pobreza que golpea principalmente a la zona rural del país. En un informe publicado en 2004, el Banco Mundial analizaba los avances que el país había hecho en el combate contra la pobreza en la década anterior. Ese informe concluía que más de dos tercios de la población rural del país seguía viviendo en condiciones de pobreza. Según el estudio, lejos de retroceder, la pobreza extrema aumentó en 5,7 por ciento en la región rural central del país. Y una de las mejores maneras para medir ese aumento es la educación rural, que en la década analizada no experimentó mejoras importantes, y por el contrario registró un estancamiento en los índices de analfabetismo de jóvenes y adultos.

La carta de presentación de Cusmapa son los números rojos: sus 7,800 habitantes viven con un presupuesto de ocho millones de córdobas al año. Treinta y ocho por ciento de ellos son analfabetos y el 45 por ciento de sus 1,400 niños, de entre 0 y 5 años, sufre desnutrición crónica, es dicir que al cumplir los cuatro años no logran pesar ni cuarenta libras, van con los vientres hinchados de comer plátanos cocidos o tortillas de maicillo, y logran pocos rendimientos escolares, si es que asisten a una de las escuelas primarias del municipio, que sólo llegan a cuarto grado.

“Aquí estamos muertos. Nadie viene a vernos”, expresa Magdalena al preguntársele si reciben ayuda del Gobierno. Magdalena dice que no conoce programas gubernamentales como Hambre Cero, que según los planes del Gobierno aliviará el hambre de 75 mil familias de las zonas más pobres de Nicaragua, al entregárseles un Bono Productivo Alimentario con un costo de 2 mil dólares. La ayuda consiste en una vaca, un cerdo, cuatro aves de corral y materiales para la construcción de corrales, porquerizas y potreros.

Pero el Hambre Cero sí ha llegado a Cusmapa, afirma Luis Enrique Zapata, técnico de planificación municipal. Zapata es un hombre moreno, alto, de pelo largo y desaliñado, viste de jeans y camiseta. Su aspecto es el de un miembro de una banda de rock. El hombre explica que el programa benefició a 200 familias en 2007 y que para este año esperan ayudar a otras 160, entregándoles una vaca, una cerda preñada y cinco gallinas y un gallo, además de alimentos para los animales y materiales para construir un corral.

Los beneficiarios tienen que devolver al programa 400 dólares a pagar en un período de tres años. Dinero que según Zapata se utilizará para comprar más animales y extender la ayuda a otras familias de Cusmapa.

La distribución de la ayuda en Cusmapa está en las manos de los miembros de los CPC locales, compuestos por 16 personas por comunidad y otras 16 que conforman el gabinete municipal. Ellos se encargan de organizar el programa y visitar las comunidades para seleccionar a los favorecidos. También manejan programas de salud, vacunación, deportes y educación. “Es un trabajo político y de consulta”, en palabras del funcionario municipal.

Además de la agricultura, muchos habitantes de Cusmapa son empleados en proyectos desarrollados por algunas organizaciones humanitarias que se apiadan de la miseria del municipio, dice Eusebio Cruz, secretario del Concejo Municipal. Pero los hombres de Cusmapa emigran parte del año –cuando no es tiempo de cultivo de granos por la escasez de lluvia– por falta de trabajo a otras partes del país, o a Honduras, a Costa Rica, a El Salvador, a Estados Unidos y hay quienes se aventuran hasta España, dice Zapata. Cusmapa se queda con las mujeres rodeadas de niños esperando el regreso de los hombres o las remesas para llenarles el estómago, afirma Érica Mendoza, coordinadora local de un proyecto de desarrollo financiado por la Unión Europea.

Magdalena González pone un comal ahumado, con los bordes quebrados, encima de un fogón encendido en el piso, en un rincón de la choza, sin importar que los niños correteen descalzos. La pequeña Dinia, de tres años, se acurruca entre las piernas de la madre. Magdalena dice que está enferma, con gripe. “¿Cuando se enferman, cómo hacen con las medicinas?” La mujer se encoge de hombros al escuchar la pregunta. Mira a su hija menor y cuenta que hace unos días la llevó hasta el centro de salud de Cusmapa para que la vieran los médicos. De ahí salió sólo con una receta. “Dicen que no hay medicinas, las tenemos que comprar”.

Se puede decir que los hijos de Magdalena González vinieron al mundo por milagro. La mujer deja de nuevo el molino y se detiene a contar, la mirada clavada en el suelo, que cada uno de sus doce partos los sufrió aquí, tirada en el piso de tierra. Esa forma de dar a luz se convirtió en algo normal. Así fue un parto tras otro, por años. Cada vez que un niño dejaba el vientre, su padre lo tomaba y cortaba el cordón umbilical con una gillette desinfectada a fuerza de fuego. Nunca hubo atención prenatal ni cuidados lactantes.

Una de las principales recomendaciones del estudio del Banco Mundial es precisamente mejorar la atención prenatal, principalmente en las zonas rurales del país. “En Nicaragua, los hogares pobres tienden a exhibir una alta fertilidad, familias numerosas y una alta mortalidad materna…Los servicios de salud deben priorizar el cuidado de las madres y los niños”, establece el estudio.

El carro avanza sorteando las piedras y baches de las empinadas cuestas que forman los caminos que llevan a Cusmapa. Caminos polvosos, que serpentean al borde de peñascos que muestran un mar de montañas marrones y pelonas. Es un panorama triste.

Los habitantes del municipio dicen que Cusmapa no era más que un puñado de casitas de adobe y varas de caña cuando el padre italiano Fabreto Michelli la descubrió en la década de 1950 y se quedó ahí, enamorado de esos cuadros naturales que presentaban montañas de pinos y robles. Ese amor que lo enganchó a este municipio, hizo que Fabreto formara una pequeña comunidad urbana, con cooperativas, con un comisariato y la construcción de once kilómetros de caminos con la ayuda de los pobladores de la zona, que para semejante labor usaron palas y piochas, según contó en una crónica el fotógrafo Orlando Valenzuela.

Valenzuela ha recorrido estos sitios desde su infancia y esta mañana toma fotos que compara con las imágenes que tiene en su recuerdo. Aquí hubo bosques de pino.

“¡Qué barbaridad! ¡Cómo han arrasado con todo! ¡Esto no era así!”, le dice el fotógrafo al chofer, mientras echa una mirada melancólica al paisaje de tierra desnuda, llena de cicatrices, abrasada por un sol inclemente. El carro avanza, dejando atrás La Mano de Dios, la choza de Magdalena González y Cusmapa.

El carro baja hasta San Lucas, un municipio de Madriz de productores de maíz y frijoles, que al mediodía luce desolado, con su iglesia, casas y hasta ventas cerradas y las calles sólo con algunas yeguas amarradas en las esquinas. El carro dobla hacia un camino de tierra, polvoso y lleno de piedras enormes, que a veces se atraviesan a un lado del camino, poniendo a prueba la habilidad del chofer para sortearlas. Ese camino lleva hasta la comunidad de Zapotillo, un conjunto de casas de adobe, separadas por patios demarcados por cercos con alambres de púas, y donde se pasean con toda libertad chanchos y gallinas.

En una de esas casas está Romelia Miranda, una mujer de 56 años, de rostro redondo, ojos negros y achinados, pelo negro, largo. Ha venido a visitar a sus vecinos, una pareja de jóvenes, ambos de 27 años, que conversan con ella en la entrada de su casa. En una hamaca colgada del techo, una niña duerme la siesta.

El hombre joven, de nombre Eddy Antonio Méndez, se queja de que no tiene trabajo y que el invierno tarda en llegar a la zona. Espera las primeras lluvias para sembrar con granos su manzana de tierra. Eddy dice que no tiene apoyo para producir y que tampoco hay suficientes semillas para cultivar.

Romelia lo escucha atenta y ante la pregunta de si conocen el Programa Hambre Cero, la mujer afirma con un movimiento de cabeza. Sus vecinos la voltean a ver.

–¿Usted es beneficiaria?– le pregunto

–Sí. Estoy alegre, hasta ahora empiezan a venir proyectos a esta zona– dice la mujer.

–¿Y qué le dieron?

–Una vaca y una chancha. La vaca ya parió. Los técnicos vinieron y nos dieron láminas de zinc para que construyéramos un corral, y nos capacitaron para cuidar a los animales.

–¿Y qué tiene que dar a cambio?

–Pagamos cinco mil córdobas por la ayuda, que doy en abonos pequeños.

Romelia dice que los Consejos del Poder Ciudadano, el proyecto político del presidente Daniel Ortega, coordinaron la entrega de los animales. Sus vecinos escuchan atentos la explicación de la mujer, y cuando termina, se apresuran a afirmar que ellos no han sido beneficiados con el programa.

“A nosotros no nos han ayudado con nada”, afirma Maribel Pérez, la esposa de Eddy. “Nos da aflicción estar aquí esperando el invierno para poder sembrar, que es el trabajo de uno cuando llueve”, agrega.

Maribel dice que mientras esperan las lluvias, ella gana dinero extra horneando tortillas de maicillo.

Su esposo también está descontento con la entrega de la ayuda de Hambre Cero, que fue distribuida de forma selectiva, aunque tampoco acusa a los CPC de favorecer a la gente por cuestiones políticas.

Eddy se gana la vida cultivando granos, pero en los meses secos opta por dejar el país e irse a El Salvador a trabajar en construcción, actividad en la que gana 10 dólares por día. El viaje hasta aquel país le cuesta 400 córdobas.

“Es lo que hay”, dice el hombre, de pocas palabras, esquivo, mientras su mujer explica que algunos de los habitantes de la comarca han dejado sus casas vacías, porque se han ido a probar suerte a otras regiones del país, o al extranjero. Eddy regresó por las lluvias, para cultivar su manzana de tierra y estar con su familia, pero si el invierno no es bueno dice que se regresará a El Salvador, donde unos amigos le consiguen fácil trabajo.

Algunas cifras no oficiales calculan en 100 mil los nicaragüenses que han emigrado a El Salvador en busca de trabajo y que se han quedado trabajando en aquel país. Oficialmente se calcula un aproximado de 1.5 millones de nicas viven en el extranjero.

Eddy Méndez es joven y fuerte. Puede trabajar la tierra o en la construcción y garantizar la comida de su familia. Pero Eugenio Irías es un hombre de cincuenta años, delgado, sordo, padece asma y sufre hernia testicular. Sus enfermedades no le permiten trabajar y tiene que vivir de la ayuda que le dan el sacerdote y alcalde del municipio de Ciudad Antigua, en Nueva Segovia, fundado en 1543.

Eugenio vive con su mujer, Evangelista Aguilar, que es su intérprete. Ambos toman el fresco bajo las ramas de un árbol de mangos sin frutos, viendo las finas capas de polvo que levantan las yuntas de buelles al recorrer las polvosas calles del barrio Efraín Salcedo, de Ciudad Antigua.

En la puerta de la choza de esta familia está pegada una calcomanía con la imagen de José Rizo, ex candidato presidencial del PLC, vestido de rojo, sonriente, en aquellos tiempos (2006) cuando quería convertirse en el tercer Presidente liberal que gobierna el país desde la transición de 1990. Rizo sonríe con su risa de político en campaña. Evangelista y Eugenio miran con desdén la foto del político.

“Estamos abandonados, aquí no hay nada”, dice Evangelista, 45 años, morena, cabello negro, liso y largo; madre de cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres. Ella sale del fogón que les sirve de cocina en esta choza de adobe, varas de caña y plásticos y saluda sonriente. Nos invita a sentarnos en una banca desvencijada, debajo del palo de mango, mientras ella se acomoda de pie, apoya en la pared de adobe de su casa.

“Es sordo, no les escucha”, dice la mujer cuando le hablamos a su marido. Es así que nos cuenta sobre la hernia de Eugenio. Dice que le vino con un dolor fuerte, que lo tumbó y por lo que tuvo que ser atendido en el hospital de Ocotal, donde sólo le recetaban pastillas para el dolor y spray para el asma. “Nunca lo operaron”, afirma resignada su mujer. “No puede caminar, el dolor siempre lo tiene”.

Pero Eugenio tampoco se quiere operar. Le da miedo quedar peor que como está, si se puede estar peor. El hombre, de andar pausado, se arriesga por los solares que rodean su casa en busca de alguien que le permita limpiar sus terrenos, ahora que es mayo y vienen las lluvias y los terrenos tienen que estar limpios para sembrar los granos.

“Le pagan 30 pesos, por cuenta lo miran débil, porque está enfermo”, dice su mujer. “Lo hace porque tenemos que comer”, agrega.

“¿Y sus hijos, Evangelista?” La mujer se encoje de hombros y apunta su dedo huesudo a la casa de adobe. Ahí encerrado, convaleciente, está Eveling Manuel Irías Aguilar, un chavalo de 24 años que como su padre trabajaba labrando tierras ajenas, hasta que se lastimó el ojo derecho. Casi lo pierde.

Eveling Manuel deja la casa y sale al patio a reunirse con sus padres. Camina lento, el ojo enfermo parchado. Lleva una gorra, camiseta y pantalones cortos. Un pañuelo le sirve para limpiarse la cara y apartarse las moscas. No quiere hablar de cómo se lastimó. Fuerza los labios cuando escucha la pregunta, como si le causara rabia recordar. Dice que en el hospital de Ocotal le dijeron que el ojo se salvó, pero estará cuatro meses más en cama, sin hacer fuerza, sin trabajar.

Ciudad Antigua es un municipio de 6,811 habitantes, compuesto de 15 comunidades y que vive con un presupuesto de cinco millones de córdobas. Su joya es la vieja iglesia barroca de enormes puertas de madera que custodian la imagen del Señor de los Milagros, tan venerada por los vecinos del pueblo. La imagen en sí resume la historia del municipio. Llegó al Nuevo Mundo como regalo de la reina Isabel La Católica, la misma que auspició los sueños de descubrimiento del genovés Cristóbal Colón. Estuvo en Honduras, desde donde fue trasladada a hombros por sacerdotes hasta Ciudad Antigua, su casa desde hace 341 años, según cuentan sus pobladores. Vino a bendecir este valle regado por un río y rodeado de árboles donde se asentaron los colonizadores españoles en busca de oro.

Hoy el río es un charco lodoso, donde a falta de agua potable los vecinos de las comunidades que rodean el municipio llegan a lavar la ropa o acarrear el líquido en baldes. Agua sucia, pero agua al fin

De aquella grandeza de oro y conquista sólo quedan los recuerdos. La historia ahora es de pobreza. Como la de la familia Irías Aguilar y otras que se repiten una a una en el municipio y llegan cargadas de peticiones hasta las oficinas del alcalde Aldo Rolando Arosteguí, que tiene que destinar parte del dinero de la Alcaldía para lo que él llama “presupuesto social”, que no es más que la entrega de comida, medicinas y hasta ataúdes a los vecinos de su localidad.

El alcalde dice que Ciudad Antigua vive “una pobreza extrema”, coincidiendo con el mapa preparado por el Inide, que dice que la pobreza afecta al 62 por ciento de la población del municipio.

Arosteguí culpa en parte al mal manejo de los recursos, al despale de los bosques.

“No estamos de acuerdo que se siga explotando el bosque, pero está fuera de nuestras manos”, reconoce el edil. “Este año los incendios han aumentado, porque la gente va extendiendo la frontera agrícola cuando los suelos ya no les dan”, explica.

Para aliviar el desempleo del municipio y emplear las manos que queman el suelo para la siembra, el alcalde, con apoyo de organismos de cooperación, ha desarrollado un proyecto de construcción de cunetas en los barrios del municipio. Una de esas cunetas pasa por la casa de Evangelista Aguilar, que se lamenta que su esposo y su hijo no puedan trabajar en el proyecto y ganarse un dinero extra. Un gran esfuerzo físico puede ser fatal para su esposo y muy riesgoso para su hijo.

Polvo. En el camino que va hacia Telpaneca es insoportable. Las nubes cafés se meten en el carro a pesar de que los vidrios van cerrados y lo cubren todo: los asientos, el timón, el pelo –cuyas hebras se sienten ásperas al contacto–, la nariz –dando ganas de estornudar– y hasta en la boca, resecándola. Pero en la comunidad de San Luis de los Ranchos el polvo no es preocupación. Ni la sequía que afecta a la región. Ni la deforestación que la presenta como un desierto. A la gente le quita el sueño un pozo recién construido en la comarca.

El pozo fue la alegría de San Luis de los Ranchos. Cuando lo inauguraron, hubo fiesta, vino el alcalde de Telpaneca, gente del extranjero que cortaron la cinta, movieron la manivela, sacaron el agua. Hubo música. Hubo comida. Fue un día alegre.

La pesadilla vino después, como una dura goma tras la juerga. Técnicos del Ministerio de Salud hicieron estudios al agua del pozo y determinaron que contiene 35.5 por ciento de arsénico, un elemento químico extremadamente tóxico. La causa de la contaminación del agua, dicen en el poblado, es por el tipo de suelo en el que fue construido el pozo.

La enciclopedia en Internet Wikipedia, da pistas de este tipo de contaminación y las consecuencias que puede tener el consumo de arsénico a través del agua.

“La presencia de arsénico en el agua potable puede ser el resultado de la disolución del mineral presente en el suelo por donde fluye el agua antes de su captación para uso humano, por contaminación industrial o por pesticidas. La ingestión de pequeñas cantidades de arsénico puede causar efectos crónicos por su acumulación en el organismo. Envenenamientos graves pueden ocurrir cuando la cantidad tomada es de 100 miligramos. Se ha atribuido al arsénico propiedades cancerígenas”.

Pero a los pobladores de San Luis de los Ranchos les importan poco las enfermedades producidas por el agua contaminada, dice Manuel Sobalvarro, quien donó el pequeño terreno donde fue construido el pozo con dinero español. Dice que la población de la comarca está decidida a defender hasta la muerte el pozo. “Dijeron que si vienen a cerrarlo, ellos los reciben con machetes”, explica el hombre en el fresco corredor de su casa de madera, de piso de ladrillos, láminas de zinc, pintada de celeste y con depósito para los granos. Una mansión si compara con las casas de adobe y plástico, desvencijadas, que se ubican en este paisaje de montañas secas.

Sobalvarro es protagonista de la controversia. Dice que por haber donado el terreno los vecinos lo acusan de apoyar la teoría del agua envenenada, para quedarse con el pozo. Pero este hombre moreno, fornido, agricultor de frijoles, afirma que no quiere el pozo, que él ya tiene uno, de agua limpia, en el patio de su casa.

Los pobladores de San Luis de Los Ranchos forman parte de ese 55 por ciento que según la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados, Enacal, no tienen acceso al servicio de agua potable a nivel nacional. Según la empresa, sólo 29 ciudades del país tienen el servicio de alcantarillado.

¿Cuál es la posición de las autoridades de Telpaneca sobre el caso del pozo? En su despacho de la Alcaldía, con aire acondicionado que no logra calmar el calor de esta tarde de mayo, el alcalde Freddy Ramón Vásquez dice que el pozo tiene que ser cerrado. No hay otra alternativa, a pesar de la sed que afecta al municipio.

Según Vásquez, la escasez es producto de la destrucción de los bosques: el 60 por ciento del territorio de Telpaneca ha sido arrasado. El Río Coco, que da la vuelta al pueblo –un oasis en medio de estas montañas peladas, que al mediodía parecen dunas– aquí se convierte en un charco donde las mujeres lavan la ropa y los niño pescan pequeños pececillos que luego comerán con su familia.

Y en San Luis de los Ranchos la manivela sube y baja, sube y baja, sacando agua para calmar la sed de los habitantes de la polvosa comarca. Mujeres, adolescentes y niños rodean el pozo, sacando agua y llenando viejos baldes y pinchingas de plástico que luego suben en mulas o cargan en sus propias cabezas para llevarlos hasta sus casas. Dicen que no tienen miedo de que el agua esté contaminada. El pozo, irónicamente, es su garantía de vida en el desierto y el olvido en el que viven.

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El “arsenal tiránico” de Ortega

Publicado por gualinse en Junio 4, 2008

El Movimiento Renovador Sandinista, emitió esta mañana un comunicado en contra de las pretensiones del Consejo Supremo Electoral (CSE) de quitarle la personería jurídica a este partido, por supuestamente no cumplir con ciertas exigencias de la institución. Esta decisión del CSE hizo que esta mañana la dirigente de ese partido, Dora María Téllez, anunciara que inicia una huelga de hambre.

El comunicado denuncia lo que el partido llama “el designio de imponer una nueva dictadura”, criticando fuertemente las posiciones de Ortega en contra de las libertades, el ataque a los medios de comunicación, la “evasión descarada” de las leyes y el secretismo en el manejo de los fondos de la cooperación que dan naciones como Venezuela.

El CSE anunció a mediados de mayo que cancelaría la personería al MRS, al Partido Conservador y a otros dos partidos pequeños de la Costa Caribe del país, porque no cumplían con requisitos establecidos en la Ley Electoral. Una forma de sacarlos del juego político del país y reducir los espacios y alternativas a los votantes.

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Cinismo

Publicado por gualinse en Junio 4, 2008

Esta mañana fue electo el padre Miguel D’Escoto, asesor en temas internacionales del presidente Daniel Ortega, como próximo presidente de la Asamblea General de la ONU. Una decisión que más que alegría es tomada como insulto. El padre D’Escoto es uno de los más fieles defensores de las violaciones que a las libertades está haciendo el presidente Daniel Ortega, y hasta ha llegado a afirmar que los periodistas del diario La Prensa, principal medio de oposición de esta administración, deberían haber sido condenados a la pena de muerte. Estas fueron las declaraciones de D’Escoto, el 9 de junio de 2007:

“si en Nicaragua existiera una tipificación del delito de alta traición a la patria, lo cual no existe y si en Nicaragua existiera además la pena de muerte, en Estados Unidos existe la tipificación del delito de alta traición y también existe la pena de muerte por inyecciones letales, sillas eléctricas o cámara de gas, si en Nicaragua hubiera eso, todos los de La Prensa se hubieran ido al otro mundo hace mucho tiempo”.

En su discurso de hoy, el padre de D’Escoto criticó a los países ricos que invierten mucho dinero “en lujos, productos superfluos y guerras”, mientras que “El hambre y la pobreza” carcomen a las naciones pobres. El padre D’Escoto no mencionó que el presidente Daniel Ortega gasta miles de dólares adornando con su rostro las calles de Managua, en enormes pancartas que no son más que culto a su personalidad. El presidente Ortega viaja en aviones rentados sin declarar a nadie el costo de sus viajes por el mundo, en lo que además lo acompaña toda su familia.

D’Escoto tampoco mencionó que el presidente se hospeda en hoteles de lujo -en Panamá se hospedó en uno que llegaba a costar hasta mil dólares la noche-, mientras Nicaragua era golpeada fuertemente por la tormenta tropical Alma, que causó dos muertes y dejó anegada la zona del occidente del país. El presidente no ha estado en Nicaragua en las últimas semanas, y según sus ministros, controla el Gobierno por teléfono

A esos lujos no se refirió D’Escoto, y además dejó por fuera el secretismo, la posición contra los medios independientes y la libertad de prensa y opinión y el uso de los poderes del Estado para castigar a sus opositores.

No, don Miguel habló de libertad, criticó a las naciones ricas y se pronunció contra aquello del imperialismo. El viajo discurso de un dinosaurio. El colmo del cinismo. Y se supone que debemos estar contentos de que él, con su mentalidad de inquisidor, encabecé una de las pocas instituciones respetuosas del mundo. ¡Sí, vaya cinismo!

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Managua anegada

Publicado por gualinse en Mayo 30, 2008

La brasa del cigarro arde cuando José Flores lo aspira, soltando una bocanada de humo que se disuelve en el aire enrarecido y húmedo de esta tarde gris y lluviosa. El hombre, mojado hasta las narices, mira con rabia como su DVD flota, al lado de camisas y pantalones, en la piscina de agua sucia que se ha formado en la sala de su casa. El barrio Hugo Chávez se inundó de nuevo.

“Se perdió todo”, dice José, fumando, temblando, con su short de tela camuflada y la camisa larga goteando agua sucia. “No sirvió de nada”, agrega, apuntando con la boca la laguna de agua café que se formó frente a su casa.

El jueves llovió con fuerza sobre la capital. La tormenta Alma tomó por sorpresa a las autoridades meteorológicas y al país entero. La lluvia comenzó desde la tarde del miércoles y duró toda la noche y la madrugada, levantando de su sueño a José y su familia. El charco frente a su casa se comenzaba a formar, amenazando con inundar las casas. El hombre decidió mandar a sus hijos a un barrio cercano, donde vive su mamá, y con palas y piochas comenzó, junto a otros vecinos, a drenar el agua para evitar la inundación.

Pero Alma les ganó y el agua subió demasiado como para seguir luchando contra ella. Y las casas se inundaron. El agua le llega un poco más arriba de las rodillas a José. La mirada de rabia no se disipa. “Me quedo cuidando nada, porque nada de eso sirve. Sólo hay que esperar la voluntad de Dios”, murmura el hombre, moreno, bajo, delgado. Una de sus vecinas lo mira con pesar. Comenta que “aquí siempre es lo mismo”, que las autoridades “nunca hacen nada”, sin apartar la mirada del hombre que parece se va echar a llorar.

¿Y qué va hacer ahora, José? Vuelve a ver con sus ojos rojos. Dice que espera que pare de llover para sacar el agua de su casa. Pero queda el barro, las maderas húmedas, los rincones cargados de suciedad que sale de un manjol ubicado a unos metros de la casa de José. El manjol vomita toda clase de porquerías que alimentan la laguna que se formó en el barrio. Ahí hay condones usados, ratas y palomas muertas, basura de toda clase. El olor es olor insoportable. A aguas estancadas y animales muertos. Huele a podrido.

“Esto es el Hugo Chávez”, dice un hombre. “Tomen las fotos y llevénselas al alcalde”.

El caos del Hugo Chávez se multiplicó por toda Managua, una ciudad vulnerable, con más de 30 puntos críticos que ponen en alerta a las autoridades. Y alerta es lo que generó Alma. De las casas del Hugo Chávez que se salvaron, salen las voces de reporteros que informan de los daños: los techos volaron por el cielo a causa de los fuertes vientos, como si fueran de cartón, barrios enteros quedaron convertidos en lagunas de agua sucias. Y en el sector de La Tenderí se formó una laguna tan grande, que los comensales que a mediodía salían de degustar una sopa en un restaurante de la zona, se quedaron atrapados por el inmenso charco, que amenazaba con inundar el lugar. Las autoridades decretaron alerta amarilla y en Managua trasladaron a albergues a 300 personas.

Y el resto del país también sufrió estragos gracias a Alma: un buen trecho de la Carretera Panamericana quedó anegado y sobre los charcos de barro los postes del tendido eléctrico quedaron ahogados. León quedó sin agua, luz y con fallas en las comunicaciones telefónicas.

Parecía que un solo día había caído todo el agua de un año, en una ciudad que recibe 300 milímetros de lluvia anuales. Y eso que el invierno a penas comienza. Septiembre es el mes más lluvioso y José Flores no quiere ni pensar qué pasará con su casa para entonces. “A uno sólo le queda irse del barrio”, afirma el hombre cruzando sus brazos, sin dejar de fumar. El humo sube con movimientos circulares hasta disiparse en el aire de esta tarde gris.

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